ORGANIZACIONES INDIAS POR LOS DERECHOS HUMANOS EN OAXACA
OIDHO
PONENCIA PARA EL FORO
“MILITARIZACIÓN Y REFORMAS ESTRUCTURALES”
MESA 3: MOVIMIENTO CAMPESINO, AUTONOMÍA Y AUTODETERMINACIÓN EN EL CONTEXTO DEL TLC
Oaxaca de Juárez, Oaxaca, 12 y 13 de junio de 2010
PONENCIA: LOS PUEBLOS INDÍGENAS EN LA LUCHA SOCIAL
CONTRA LA EMBESTIDA NEOLIBERAL
1. Introducción
En las últimas dos décadas del siglo XX, en México se instrumentaron las reformas neoliberales que cambiarán radicalmente la estructura del sector agrario en el país, abriendo las puertas al gran capital. Con la reforma al Artículo 27 Constitucional, el fin del reparto agrario y mediante programas como PROCEDE comenzó el proceso de la privatización de la tierra y de los recursos naturales, así como la entrada de las compañías transnacionales. El momento más trascendente en este proceso fue la madrugada del 1º. de enero de 1994, al mismo tiempo fecha de entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio e inicio del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Todas las organizaciones civiles que se levantaron pacíficamente por el cese a la guerra entre el EZLN y el ejército Mexicano y después participaron en los diversos foros convocados por los Zapatistas, adoptaron de manera general el tema de la autonomía como eje fundamental para proteger los territorios y los recursos naturales así como la lucha política indígena por el respeto a sus autoridades, su forma de organización y las culturas de los Pueblos Indios.
2. La Autonomía de los Pueblos Indígenas
El 16 de febrero de 1996 se firman los Acuerdos de San Andrés Larrainzar sobre Derechos y Cultura Indígena entre el EZLN, las organizaciones indígenas, campesinas y civiles participantes en las mesas de diálogo, los principales partidos políticos y el gobierno federal. Sin embargo, este se retracta de su firma, y también los partidos políticos, incluyendo el PRD, se niegan a proseguir con la elaboración de la ley constitucional correspondiente; PAN y PRI por conservar su poder político y sus proyectos con el capital transnacional, y PRD por el temor de ser rebasado por el movimiento pro-zapatista a la izquierda. El movimiento a su vez, no logra articular una resistencia nacional en contra de esta traición. El gobierno foxista propone su propia ley indígena como acto de simulación ya que no retoma las demandas de los Pueblos Indios, y en algunos estados surgen leyes indígenas que dan el tiro de gracia a los Acuerdos de San Andrés, ya que carecen totalmente de soporte constitucional. Tal es el caso de Oaxaca, en donde el gobernador Diódoro Carrasco impulsó su ley indígena como instrumento político contra los Acuerdos de San Andrés y como plataforma política para lograr su llegada a la secretaría de gobernación. Como organización, nos tocó la primera gran ola de represión en el año 1998 precisamente porque luchamos contra la ley indígena de Diódoro.
Aunque hoy los Pueblos Indígenas ejerzamos cierta autonomía por la vía de los hechos, cuando esta toca por ejemplo intereses tan grandes como los mineros o de agua para establecer presas, se utiliza todo el poder del estado para destruir todo intento de mantener esta autonomía en los pueblos. En relación a todo esto, se ha criminalizado la lucha social, reprimiendo masivamente todos los movimientos locales, regionales y estatales que se organizan para impedir el saqueo de los recursos, la invasión de los territorios, y la imposición de autoridades en el nombre del libre comercio. La llamada lucha contra el narcotráfico ha servido como punto de apoyo para militarizar el país y justificar la represión. En Oaxaca, en cientos de municipios han sido atropellados todos los derechos fundamentales para poder avanzar en la entrega de los recursos naturales a grandes empresas nacionales y extranjeros. Nuestros muertos, heridos, presos y perseguidos son víctimas de este proceso.
Lo que está en juego con la autonomía son el territorio, los recursos de los pueblos y la autodeterminación política, y prácticamente la supervivencia de las culturas indígenas. Vemos un estado que cuando le conviene concede ciertos derechos a los pueblos, pero cuando se le exige que reconozca a los Pueblos Indios como sujetos de derecho, se niega por los intereses económicos y políticos. La autonomía que reclamamos los Pueblos Indios es la libertad de disponer de nuestras tierras, elegir a nuestras autoridades, que sean respetados nuestros recursos naturales y nuestras culturas como formas de vivir y organizarnos. En cuanto a los recursos del subsuelo que son constitucionalmente propiedad de la nación, los Pueblos Indios tenemos el derecho a ser consultados en un diálogo verdadero y respetuoso y tenemos el derecho a que nuestro medio ambiente no sea destruido, pero nadie respetará estos derechos si nosotros no luchamos por ellos.
3. Los Movimientos Sociales en el México actual
La lucha de los Pueblos Indios por la autonomía solo es posible si se articula un movimiento nacional con todos aquellos que consideran que este reclamo es justo. El reconocimiento constitucional de los derechos de los Pueblos Indios no solo ayudaría a estos sino a todo el pueblo de México porque habría la posibilidad de detener la embestida del proyecto neoliberal sustentada en diferentes proyectos y planes como por ejemplo el Plan Puebla Panamá, Plan Mesoamericano, el mismo TLC y muchos otros, que, lejos de lograr el desarrollo de nuestras regiones, nos empobrecen cada día más y solamente enriquecen a los ricos de nuestro país. Pero esta lucha no puede ser aislada y debe ser permanente. Nos debemos dar cuenta, que todas las luchas importantes de México en tiempos recientes, por más diferentes que parezcan, tienen como enemigo común la venta total de los recursos del país en beneficio de los grandes ricos, y la destrucción de todo contrapoder organizado desde abajo, desde el pueblo. La represión se recrudece, no porque las luchas del EZLN, de Atenco, de los mineros, del SME y de la APPO hayan sido en vano, sino al contrario, en medio de muchos fracasos, los logros de nuestros movimientos son una constante amenaza a los que ostentan el poder y el dinero. El EZLN, más allá de su capacidad militar y política, ha logrado ser autosuficiente en sus territorios; en Atenco no se ha construido aeropuerto alguno, en la Parota se evitó la construcción de la presa; la APPO logró demostrar de facto la ingobernabilidad de todo un estado y recuperar hasta cierto punto las garantías constitucionales suspendidas, y la lucha de los mineros, del SME y de los maestros no ha claudicado a pesar de la consigna neoliberal de destruir el sindicalismo independiente a como de lugar. Y los pueblos indígenas seguimos oponiéndonos al etnocidio en muchos lugares de México.
Para unificar estas luchas en pleno respeto a sus diversidades y para poder enfrentar así los grandes retos que se nos están presentando, es indispensable mantener una actividad política permanente, fuerte y coordinada, basada en principios consensados que eviten los protagonismos y las traiciones que tanto han debilitado a nuestros movimientos. También es indispensable el respeto de los sectores urbanos hacía las peculiares formas de la lucha indígena y campesina, porque a menudo somos discriminados en los propios movimientos.
Así como el ataque contra los sindicatos debilita las luchas de los sectores urbanos, la destrucción de la vía campesina, la migración masiva y los efectos del desastre ecológico causado por el capitalismo a ultranza como son los huracanes y las sequías, nos debilitan a las organizaciones campesinas e indígenas. Y en todos los sectores existen quienes sobreponen equivocadamente intereses inmediatos y unos cuantos recursos o puestos electorales a las causas verdaderas de nuestras luchas.
Por eso hacemos un llamado a todos los movimientos sociales a entrar en una nueva etapa de unidad para lograr un movimiento en donde todos y todas tengamos un lugar y podamos aportar lo mejor de nuestras luchas. ‘Celebremos’ el Bicentenario a nuestra manera: con un movimiento social mexicano capaz de poner un alto a la embestida neoliberal. Hagamos la verdadera iniciativa México, construida desde abajo, no impuesta desde arriba. Construyámoslo desde nuestros pueblos, nuestras regiones, nuestros barrios y nuestras ciudades, fortaleciendo nuestras estructuras democráticas desde nuestras asambleas, creando nuevas y más efectivas formas de lucha contra la represión, la injusticia y la antidemocracia. Esta lucha no será fácil, pero es imprescindible si no queremos ser arrasados por el huracán neoliberal
Santa María Atzompa, Oaxaca, a 11 de junio de 2010 OIDHO
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